jueves, 29 de diciembre de 2011

El corporativismo de sus señorías


Los políticos han marcado otro gol a los periodistas. No me refiero a ninguno de esos partidos benéficos que se disputan por estas fechas, sino a lo que ha pasado en el Congreso de los Diputados después de que El Mundo publicase una foto del móvil de Rubalcaba. A partir de ahora, los fotoperiodistas tendrán que andar con cuidado para que sus señorías no se sientan atacadas por sus cámaras. De lo contrario, se les podrá retirar la acreditación de prensa durante un año, según han anunciado desde la Mesa del Congreso.
Acaba de empezar una nueva legislatura y algunos Diputados tienen muy claro cuáles son las necesidades prioritarias de España, aquéllas en las que hay que trabajar con urgencia. Por eso, en menos de una semana e incluso con varios días festivos de por medio, han solucionado "el incordio de los fotógrafos". Hasta les ha dado tiempo a solicitar y analizar un informe jurídico antes de tomar la decisión de amenazar a los informadores.
¿Es tan grave que El Mundo haya publicado esta foto? Creo que no. Puestos a exagerar, me parece más grave que Rubalcaba y "su círculo de informadores" dediquen su tiempo de trabajo a especular con quinielas de cargos en vez de preocuparse por los ciudadanos. Se puede juzgar la foto desde una óptica periodística, pero el Derecho no debería meterse en este asunto. Quizá no merezca una portada por su importancia menor, pero creo que la imagen sí tiene relevancia pública. Por ello, debería estar protegida por el derecho fundamental a la información recogido en la Constitución y no por la libertad de expresión, como se menciona en las noticias que se hacen eco de la decisión de la Mesa del Congreso.
Los Diputados dicen reivindicar sus derechos al secreto de las comunicaciones y a la intimidad. Pero en la casa pública de la democracia ambos deberían rendir cuentas al derecho a la información, salvo en casos muy personales y excepcionales, y no al contrario. Fuera de las Cortes y de cualquier acto público no debe ser así y por eso hay que condenar cualquier intromisión ilegítima en la vida privada o familiar de los políticos (véase el caso de las hijas de Zapatero). En los escaños debe haber muy poco que esconder. El ojo público debe fiscalizar la tarea de los parlamentarios para evitar que se repitan situaciones como las descritas en esta página enlazada.
Los periodistas del Congreso cada vez lo tienen más difícil, cada vez están más arrinconados en el salón de plenos. Ni siquiera pueden aprovechar la tribuna de público, que en muchas sesiones tiene asientos libres, aunque no tantos como el hemiciclo a primera hora de la mañana. Allí no se puede entrar con cámara, móvil ni cualquier otro aparato. Lo he vivido en primera persona: antes de subir a la tribuna te cachean y te vacían los bolsillos. A mí me dejaron entrar con un papel y un bolígrafo y parecía que me estaban haciendo un favor especial. Sin embargo, estas normas no son iguales para todos. En una de las fotografías oficiales del área de prensa del Congreso aparece el Presidente de la Junta de Extremadura con su móvil en la tribuna de público. Fue en la sesión de investidura, en la que tomó fotos que después subió a Twitter. Quizá tenga pase VIP.


A la vista de las circunstancias, cierro mi reflexión planteando una duda: si los ciudadanos no pueden hacer fotos en el Congreso y los fotógrafos ven limitada su autonomía profesional, ¿habría que prohibir también las fotografías "caseras" que hacen los diputados con sus iPhones o van a ser ellos los únicos que nos cuenten lo que pasa en el hemiciclo con libertad? Ojalá fuese verdad eso de que los periodistas formamos un cuarto poder, porque así podríamos hacer frente al corporativismo de sus señorías que, en casos como éste, corrompe la clase política.

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