lunes, 14 de noviembre de 2011

Elecciones generales. Reflexión I: Basta de márquetin en la política

Una campaña electoral más, somos testigos de cómo el juego político se aleja cada vez más de los intereses del ciudadano para acercarse al márquetin. Lo peor es que muchos se han acostumbrado a esta situación como si no fuera una realidad escandalosa. Los propios medios informativos hablan de las estrategias de comunicación de los políticos y del omnipresente papel de sus asesores de imagen, oratoria, directores de campaña… ¿De verdad no nos indigna que se legitime esta forma de “vendernos la moto”? Se dedica mucho espacio mediático a analizar el nudo de una corbata o la forma de mover las manos, pero se habla poco de la letra pequeña de los programas electorales, por ejemplo, que es lo realmente relevante.
Desde que la influencia del márquetin político norteamericano llegó a Europa décadas atrás, ya no votamos a la persona que creemos mejor formada para dirigir el país, sino al “Míster España de la política”. Se busca al hombre (ninguna mujer ha tenido opciones reales de ser Presidenta del Gobierno en nuestro país) más atractivo, al que mejor se desenvuelva en las distancias cortas y largas, independientemente de sus éxitos o fracasos políticos. Se puede llegar a lo más alto del poder ejecutivo sin saber idiomas, pero sí se exige a los presidentes una buena sonrisa y un buen eslogan. Últimamente, ni eso: basta con encajar bien en un traje caro, no fumar puros en público y no dar ruedas de prensa para no equivocarse.
Es evidente que todas estas técnicas que mezclan publicidad y propaganda favorecen siempre al bipartidismo. La publicidad y las técnicas de mercado que se cuelan en los medios son las de los grandes partidos. Mientras tanto, poco se sabe del estilismo de los principales candidatos de Equo, por ejemplo. Cada párrafo, cada minuto de vídeo que se dedica a reflexionar sobre el márquetin político, es espacio mediático regalado a partidos que son elefantes, porque pisan al pequeño hasta sin querer debido al apoyo de un periodismo frívolo o tendencioso.
Lo peor de todo es que la televisión pública se ha contagiado. En los días y momentos previos al insulso debate, Televisión Española dedicó demasiado tiempo a algo que, al contrario que la publicidad de terceros, no tiene prohibido: el autobombo. En los telediarios, las elecciones generales quedaron en un segundo plano ante la exaltación continua del cara a cara entre los candidatos de los dos partidos mayoritarios. El despliegue técnico de TVE y de la Academia de Televisión (entidad cuyo quehacer del resto del año se desconoce) fue excesivo e impropio de un programa tan simple y sobrio. Parece que no se cumplió con el principio de austeridad que debe rodear a todo lo público. Y lo peor es que el debate no tuvo vencedor ni derrotado y recibió críticas de muchos frentes. Como se esperaba, no sirvió para nada en lo político.
En estos tiempos, y con el chaparrón europeo que se nos viene encima, es más importante que nunca desarrollar un pensamiento crítico. Muchos están capacitados para ello y lo hacen continuamente, pero hay una parte de la población más asentada en lo intelectual que se deja llevar. Y una de las instituciones que marcan el camino del “rebaño conformista” es la de los medios de información. Por ello, no podemos permitir que éstos normalicen conductas “borreguistas” que adormecen a la ciudadanía y hagan normal lo indignante. Si los partidos siguen empeñados en engatusarnos con anuncios y frases bonitas, que no encuentren eco mediático, porque no lo merecen y nuestra democracia tampoco. Cerremos la puerta al márquetin en política. No dejemos que nos vendan la moto.

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