miércoles, 24 de agosto de 2011

Una reforma constitucional con nocturnidad y alevosía

He escuchado decir muchas veces a mis profesores de Derecho Constitucional que reformar nuestra Constitución es algo difícil e improbable a corto plazo. Esa idea se comparte en muchas tertulias periodísticas y políticas. Toda constitución está concebida como una norma suprema cuyo objetivo es perdurar lo máximo posible, mientras la vigencia de sus preceptos en la sociedad lo justifique.
Algunos de sus artículos se han discutido casi desde su entrada en vigor, desde los últimos días de 1978. La sociedad se ha mostrado favorable a reformar la Constitución para evitar la supremacía masculina en la sucesión de la corona. Los políticos también han planteado muchas veces la necesidad de aclarar el esquema del Estado de las Autonomías en nuestro texto constitucional. Sin embargo, estas dos reivindicaciones no han culminado en una reforma por falta de necesidad inmediata y por falta de acuerdo entre “realidades nacionales”, respectivamente.
La sorpresa para un buen número de ciudadanos es que la única reforma constitucional que, según parece, va a producirse es para establecer un máximo de déficit público. Sus impulsor, el Gobierno, quiere llevarla a cabo como broche final de una legislatura nefasta y en un momento de indignación general con las dos fuerzas políticas que van a votar favorablemente esta propuesta, PSOE y PP. Es evidente que esta reforma no es fruto del clamor popular.
El procedimiento será jurídicamente irreprochable, pero los políticos se olvidan de que, más allá de lo que es legal o no, están abordando con ligereza el libro sagrado de nuestra democracia. Cuestiones tan importantes como una propuesta de reforma constitucional deberían ser presentadas en los programas electorales de los partidos interesados. Ninguna fuerza política avisó en 2008 de que defendía este cambio legislativo. Por ello, los que apoyan la reforma deberían, como mínimo, explicar mejor sus intenciones y esperar a las elecciones del 20 de noviembre para saber si cuentan con el apoyo de la ciudadanía. Todo lo que no siga esos pasos, es para mí una reforma constitucional hecha con nocturnidad y alevosía. Y una bajada de pantalones, que no ha sido autorizada por los españoles, ante las instituciones financieras que campan a sus anchas por el mundo.

Actualización: la vicepresidenta económica, Elena Salgado, ha insistido hoy en que el límite al déficit público no tendrá efecto hasta 2018 o 2020. En ese caso, ¿por qué hay que tramitar la reforma por vía de urgencia?

2 comentarios:

La mente insana dijo...

Aún así la reforma contendrá una cláusula por la que ese techo de gasto podrá rebasarse en determinados casos. Por lo que nos encontramos en las mismas. ¿Para qué hacer una reforma urgente en la Constitución si luego no entrará en vigor hasta dentro de 7 u 9 años? ¿Para qué implantar un techo de gasto si luego siempre se encontrarán las vias de rebasarlo por las malditas cláusulas? Esto es como las idas y venidas de fichajes futbolísticos en verano. Carnaza para que la gente se piense que los políticos están haciendo algo.

Zapatero ya es un cadáver político, debería hacer como en el póker, un "all-in" y arriesgarlo todo en una estrategia beneficiosa para España y que nos ayudase a salir de esta crisis de una vez por todas aunque implicase llevar a cabo una serie de medidas impopulares para diversos sectores acomodados (y no me refiero solo a gente pudiente o con trabajo, sino a aquellos vagos del "me toco los huevos y que los demás lo hagan que lo único que me interesa es que me lo paguen y me lo den todo) así como mayores controles fiscales a empresas para la correcta administración de subvenciones recibidas al cambio de cumplir una serie de requisitos (contratos cumplidos, sueldos,etc...).

Gabriel dijo...

Ya he publicado una nueva teoría mía que seguramente ya habrán planteado muchos. Estoy contigo, no me gusta cambiar la Constitución para que luego se pueda matizar en otras leyes menores.
Lo del "all in", mejor lo dejamos para el póker, porque, como sabes, es una jugada en la que si todo sale bien, muy bien, pero si todo sale mal, que es lo habitual, las consecuencias son nefastas ;)
Por cierto, el amigo Antoni Gutiérrez-Rubí piensa como yo, y no nos hemos plagiado ¡jeje!
http://politica.elpais.com/politica/2011/08/24/actualidad/1314202952_097504.html