jueves, 25 de agosto de 2011

¿Por qué una reforma constitucional por vía de urgencia?

Al final de la entrada anterior de este blog se planteaba una pregunta: ¿por qué hay que tramitar la reforma constitucional por vía de urgencia si se prevé que lo reformado no entre en vigor hasta 2018 o 2020? ¿Por qué hay que hacerla justo antes de unas elecciones generales en las que se va a renovar o no la legitimidad de nuestros representantes públicos? Tengo una teoría que sé que comparto con muchos otros españoles.
Una de las respuestas oficiales a estas preguntas es la que aporta Miguel Ángel Valle (@MAngelvm), político del PP, en Twitter: "El BCE ha comprado 14.291 millones de deuda. Si no, estaríamos en quiebra. (La reforma) Es un gesto a cambio de respiración asistida". Esta respuesta sigue sin responder a mi pregunta. Si lo que se necesitaba era un gesto, ¿no era suficiente con anunciar la predisposición de los dos grandes partidos para realizar la reforma a corto plazo, evitando las prisas de la tramitación express?
PSOE y PP tienen muchas dudas sobre lo que puede pasar el próximo 20 de noviembre. Parece seguro que los dos partidos seguirán dominando las Cortes y es más que probable que el PP pase a ser la primera fuerza política en España. Pero ¿tendrán los votos suficientes para seguir ocupando más del 90% de los escaños en el Congreso de los Diputados? ¿En qué grado aumentará el poder de los partidos nacionalistas y de UPyD? ¿Qué pasará con Sortu? ¿Conseguirán los separatistas de Bildu los 4 escaños o más previstos en los sondeos?
¿Cuáles son los planes del movimiento Democracia Real Ya antes del 20N? ¿Cómo influirán esas acciones sociales en el electorado? ¿Se producirá por fin un rechazo al duopolio PSOE-PP? Todas estas preguntas son dudas para los dos grandes partidos. Y esta incertidumbre es la culpable de que ambos tengan prisa para iniciar una reforma que les conviene en un momento en el que pueden decidir cómo hacerla por ellos mismos, sin la necesidad de reclutar el apoyo envenenado de terceros partidos. Para PSOE y PP sería peligroso depender de votos nacionalistas, por ejemplo, para una reforma constitucional. Seguro que la contrapartida sería muy perjudicial para el statu quo de las autonomías sin nacionalismo.
Hay mucha prisa, muchas dudas y mucho miedo a un cambio de ciclo en nuestra rutina política bipartidista. Si no, ¿cómo iban a ponerse de acuerdo socialistas y populares en un clima de desencuentro general y sólo tres meses antes de unas elecciones anticipadas?

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