sábado, 20 de agosto de 2011

La atención al público / El cliente siempre tiene la razón

Ya estaba tardando mucho en dedicarle una entrada a la crisis, entendida como concepto genérico que define la situación de nuestra sociedad. En estos últimos días me he movido por varios puntos del sur de España y he sido testigo de cómo el cliente, el consumidor, el ciudadano, en definitiva, aquél que está llamado a invertir, a consumir o a emprender, se encuentra obstáculos en su quehacer cotidiano. Son pequeñas trabas que pueden parecer insignificantes por separado, pero que se han acumulado en mi pensamiento en un periodo de tiempo demasiado corto:
-Llegas a un establecimiento y avisas de que vas a pasarte en un rato a recoger un pedido que acaba de llegar, porque tienes otras cosas que hacer antes. Te contestan que "vale, pero no te vayas a pasar a las dos menos cinco porque a las dos se cierra". Pues eso, se cierra a las dos, y no a las dos menos cinco.
-En una tienda de franquicia, entras para cambiar un reloj que no funciona y que acabas de comprar en Portugal, en otra tienda de la misma marca. Antes de mirar siquiera el reloj, la dependienta llama a su compañera porque cree que no tiene la obligación de actuar como servicio técnico si la compra se ha realizado en otro país. Toda esta consulta se realiza delante del cliente. Como era de esperar, estaba equivocada y termina arreglando el reloj (cambiándole la pila) a regañadientes.
-Vas a una librería especializada a comprar un libro conocido y que se vende bastante y te encuentras con que no lo tienen. Además, te explican que no lo van a pedir a la editorial hasta dentro de unos meses, porque ahora están "muy liados con los libros de texto y otros asuntos". 
-Una pareja llega a un restaurante no muy concurrido de una localidad turística. Todas las mesas de dentro del local están sin ocupar. En la calle, hay pocas mesas y sólo una libre con espacio para cuatro personas, con una agradable temperatura. Cuando la pareja pide permiso para sentarse al camarero, éste les sugiere que se sienten dentro, porque se está mejor, o que esperen fuera un rato para que queden libres más mesas o alguna mesa más pequeña. La pareja, tan sorprendida como indignada, se va a otro restaurante.
-Voy a una Comisaría de Policía para conseguir la clave necesaria para usar el DNI electrónico. Después de varios minutos de espera en unas máquinas lentas, me paso por el mostrador de expedición de documentos oficiales para consultar unas dudas sobre el uso del DNI electrónico y del certificado digital de indentidad, asuntos bastantes enrevesado. Pero dicen que allí no saben nada y que lo único que me puede informar de algo es la máquina. Y luego querrán los políticos que mis abuelos usen la administración electrónica.

Todos los ejemplos expuestos son, en mi opinión, indicios de que algo se está haciendo mal en el sector servicios, del que tanto dependemos y del que tanto esperamos para salir de nuestra crisis global. Por ello, lanzo un mensaje para los aludidos: a ponerse las pilas, que para eso os pagan.

2 comentarios:

La mente insana dijo...

No es sólo el sector servicios. La holgazanería campa a sus anchas en un país en el que impera la ley del mínimo esfuerzo. Luego mucho salir a la calle a quejarse sólo de los políticos cuando los ciudadanos no dejamos de ser también parte del problema con nuestra actitud. Creo que ya debemos de quejarnos tanto (que, ojo, hay muchos motivos y muy graves)y empezar a salir del pozo con nuestro trabajo y buen hacer.

Gabriel dijo...

Es un honor que sea usted el primero en comentar en mi nuevo blog ;)
Nuestro futuro va a depender en gran parte de la solidaridad ciudadana, de que estemos dispuestos a arrimar el hombro en lo que haga falta y aunque no siempre sea en beneficio propio. Así que hay que empezar por corregir estos pequeños detalles.